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jueves, 20 de octubre de 2016

Aroma a Café

Te reconocí porque tenías los ojos cerrados, soñando con sonidos y voces de alter egos. Susurraste sin entendimiento, moviste los labios vísperas a tu marcha.
Tengo una palo de café para escribirte una carta, tengo el aroma amargo y el negro de los granos olvidados. Moler las sensaciones y crear pasta emocional.
La voz no existe en los albores de enero, en el inexplicable reflejo de tensiones. Miradas apoyándose mutuamente hasta que una de las dos sucumba al aterrador silencio. El ecosistema etéreo, el sereno viento, el despertar, la virtud, la enigmática fábula de dos.
Y estuviste en silencio mientras yo me fumaba un cigarrillo, mirándote los muslos por debajo de tu falta y ni siquiera te inmutaste de de mi mirada obscena, porque sé que me quieres y a estas alturas ya permites mis displicencias de hombre aletargado. El tinto amargo en tus labios y los granos tostados de este café que fluye por mis encías. Busco tu sabor y no pongo azúcar pues es como vestirte de nuevo, y me gusta cuando te desnudas porque tu esencia permanece en mi boca, aun después de nuestro encuentro.
Me gusta que me dejes este aliento a ceniza y campo. Me gusta.



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