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viernes, 28 de noviembre de 2014

El Frío y la Sombra

Despierta el ennegrecido amanecer, la noche acecha sin estrellas, la luna no acudió hoy a su cita.
Salí en busca de aire, pero también buscaba sentir algo. El frió insensibilizaba mi piel y mi corazón se moría por latir de nuevo.
No es lo mismo estar congelado que muerto: El hielo aun esconde carne en su interior, mientras la Parca deja que la carne se evapore. 
Sigo caminando siempre al mismo lugar, o al menos en mis sueños visito dónde la presencia se valoraba mas que la apariencia. Aún sostengo el tiempo con mis manos, como arena que no se acaba, y espero las cartas que nunca llegaron...y las que nunca se escribirán.
Al otro lado del mar se esconde un secreto entre los susurros del alba. Resuena en mi mente y me despiertan de súbito del sueño enternecedor. Desde la costa, el viento transportó la imagen que siempre quise borrar, mas las palabras nunca perecen. Camino cada vez mas lejos, para separarme de lo que la húmeda tierra aprisiona.
Sumido en un andar perpetuo, asumí que el tiempo sería mi compañero, pero me mintió. En el eterno letargo, pensando que todavia soy libre, me persigue el cazador disparando andanadas de llanto. Pero eso nadie lo sabe...
Aquí estoy dando un paseo para intentar olvidar, pero es fútil. Todos me ven, me conocen, me señalan, pero no indagan; Soy un fantasma que arrastra la soledad, pero nadie se da cuenta... y no me importa. Todavía me queda la luz para sentir mi sombra.
En mi caminar nocturno, las luces verdes desechan el sincero atardecer. Los focos no son suficientes para hacer sucumbir a la oscuridad. Las lápidas abundan en este lado del océano... mi nuevo hogar.
Lo que el viento nos separa, lo que las aguas nos separan, lo que la muerte nos separó. Lo que hay detrás de dos metros de tierra... aún puede hablar. El olvido, mi único refugio, mi salvación es mi corazón poder sacar del hielo, para poder volver a sentir el tibio aliento de la vida.


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