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lunes, 25 de agosto de 2014

Primer capítulo: "El Preludio a la Destrucción"

De vuelta a la ilusión sesgada; el camino infinito a la desesperación premeditada. Nos acercamos a la inevitable extinción de nuestras sanas mentes, pero preferimos extinguir directamente nuestra propia existencia. Parece que los innumerables consejos no sirvieron de nada y nos vemos ahora aquí atrapados, envueltos por la lluvia de metal.
Los dos se despidieron en el ocaso, ella iba a cuidar su hogar, él iba a protegerlo. No hubo mas que un adiós patriótico que no debió ser pretexto para ocultar que tardaría en volver. Luego de darse el último beso partieron sin mirar atrás, con la única melodía de las hélices y vientos turbulentos. Rompió la lluvia de entre la tranquila pista de aterrizaje, que ese día sólo serviría para que despegaran las ultimas esperanzas de un sueño fallido, un sueño que fracasó antes de haber empezado.
Y así desde ese mismo momento, él sabia que se estaba embarcando en un viaje del cual sería difícil regresar. Desde ese instante pensó que si la penumbrante sombra lo alcanzaba en la trinchera, nunca mas vería la luz del sol como antes, el pan le sabría a tierra y las manos siempre apestarían a pólvora. No había escapatoria, por donde corriese, el camino se sembraría de ceniza regada por lagrimas, de senderos hechos de cristales rotos.
Ella supo, desde el momento en el que abrió la puerta y tiro las llaves a la mesa, que todo cambiaría. No aguantó más la sonrisa del deber, por el desgarrador llanto de necesidad. No recibiría heridas de bala, el dolor que ella siente no se puede comparar con otra cosa. Supo que las manos le dolerían de tanto escribir cartas, que sus ojos perderían la luz de tanto llorar, que los pintalabios no sirven de nada en el letargo eterno y que el timbre de la puerta sería una pesadilla cada vez que sonara.
Desde ahora, saben lo que es el miedo, saben que es la soledad, saben que es el lento pasar de las horas; pero lo que de verdad produce terror es la incertidumbre de no saber que pasará.

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